martes, 18 de diciembre de 2007

En Arequipa, un fajo por 50 céntimos

La sierra puede ser paradisiaca, exhuberante y estar llena de sorpresas. Arequipa tiene muchas ofertas para los visitantes, esta que aquí narro es una de ellas. Al estar en la ciudad de Arequipa, o ciudad blanca, como la llaman, recordé una anécdota que me dice mucho de lo que ocurre en el Perú a diario. Estaba en un restaurante local almorzando, cuando observé a una persona mayor de unos sesenta años, que estaba acarreando un fardo de unos quince o doce kilos, y que por la posición del cuerpo, se veía que venía de lejos, con aquel fardo grueso y pesado. El anciano se paró en frente del dueño del local, y éste lo miro con cara de pocos amigos, y le preguntó, "cuánto quieres por eso", el anciano le dijo "quiero un sol y medio", el dueño del local le respondió secamente "te doy cincuenta céntimos y ya vas bien". Luego, nada más el anciano se hubo ido, el dueño del local le dijo a su cocinera y posible amante ( por la mirada de complicidad), "éste me quería cobrar más de un sol por esto, y se fue con cincuenta céntimos". Curiosa actitud la de la sierra. Imagino que esto ocurre todos los días en muchas partes del Perú, no sólo Arequipa. Intuyo que las actitudes urbanas de complicidad en la explotación de los serranos son similares a las que los serranos desarrollan contra su propia gente, una vez que estos se establecen en las urbes principales del Perú.

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